Una investigación británica revela las consecuencias de usar los dispositivos electrónicos para regular las emociones de los niños

Una investigación británica revela las consecuencias de usar los dispositivos electrónicos para regular las emociones de los niños

Hoy queremos hablarles de otro fenómeno en el que los padres delegan en un dispositivo electrónico algo que debería ser su tarea, concretamente la gestión de las emociones de los niños.

Nos referimos en este caso al hipnotizador de la tableta o al móvil que nos tapa los oídos, cuando los adultos, cansados de escuchar gritos o contener rabietas, aplacan la ira de los niños con ese recurso.

Algunos llaman este recurso "regulación mediática de las emociones". En ese momento, esta estrategia puede parecer eficaz, pero ¿hasta qué punto afecta al crecimiento de los niños en el modo de enfrentarse habitualmente a las emociones y a la maduración de su carácter?

¿Consumo esporádico o hábito crónico?

Ni que decir tiene que recurrir a una herramienta electrónica capaz de calmar al niño inmediatamente es una tentación frecuente para todos los padres: Cuando un niño está muy enfadado, no es capaz de ponerse en el lugar del otro y se desata perdiendo el control. A veces uno se siente impotente ante los arrebatos de sus hijos.

¿Quién de nosotros no ha utilizado nunca (pero de verdad nunca) un teléfono móvil, quizá cuando está en un lugar público o se dedica a algo realmente urgente?

El problema es cuando esta excepción se convierte en regla...

¿Qué ocurre cuando un niño se acostumbra a regular sus emociones con los dispositivos electrónicos?

Un artículo publicado en Mercatornet, Colapso y medios: Los costes de usar las pantallas para regular las emociones de los niños , analizando los resultados de una investigación, muestra hasta qué punto los padres confían a sus teléfonos móviles la tarea de "calmar a sus hijos".

Resultó que casi el 20% de los padres de la muestra recurrían a menudo a esta estrategia; es decir, casi uno de cada cinco utilizaba este método de forma habitual.

Sin embargo, también se ha comprobado que cuanto más utilicen los medios de comunicación para regular las emociones del niño, más propenso será éste a la rebeldía y a las rabietas, precisamente porque no se le ha enseñado a moderar sus pasiones.

Cuando las emociones son sofocadas -pero no afrontadas ni gestionadas- el problema, en definitiva, está pospuesto pero no resuelto.

Otro indicador del uso problemático de los medios de comunicación es que puede conducir a una verdadera adicción a éstos: El niño aprende a usar esos medios como un paliativo para los estados de ánimo que no le gustan y no busca otros recursos distintos e incluso mejores.

Algunos consejos para gestionar la ira de los niños de forma constructiva

A continuación, el citado artículo ofrece estrategias alternativas que podemos resumir en cuatro puntos:

1) Reconoce las emociones de tu hijo y muestra empatía. Es aburrido estar sentado en un carrito de la compra durante una hora mientras tus padres se mueven entre las estanterías del supermercado. Probablemente yo también me enfadaría. Así que nombra la emoción de tu hijo, por ejemplo: "Supongo que te sientes aburrido o triste sentado ahí. Lo entiendo: ¡es lógico sentirse aburrido! ¿Cómo puedo ayudarte?". El simple hecho de validar y expresar empatía puede ser suficiente para evitar un colapso total.

2) Prepárate. Si validar y mostrar empatía no funciona, prepara una mochila de herramientas que puedas utilizar para ayudar a distraer a tu hijo (exclusos los dispositivos electrónicos). Puede tratarse de una mochila especial compuesta por juguetes, pegatinas y libros que sólo uséis cuando salgáis, para que los juguetes sean frescos y nuevos a sus ojos.

3) Párate a pensar. Cuando tu hijo pierde la calma, es fácil que nosotros también la perdamos con él. Para. Respira profundamente y date un segundo para pensar, ayuda mucho a sobrellevar la situación.

4) No te sientas culpable si recurres a los dispositivos de comunicación algunas veces . No eres el primer ni el único padre que utiliza esos medios para calmar a un niño que llora, y no serás el último. Cuando te detengas a pensar, pregúntate: ¿Se trata de una emergencia (necesitas desesperadamente que tu hijo deje de llorar ahora porque estás emocionalmente agotado y acabas de empezar otra llamada de Zoom para el trabajo?) o tienes otros recursos (emocionales, tiempo, herramientas, etc.) para utilizar una estrategia diferente?

5) ¿Tienes alguna otra sugerencia que nos ayude como padres y que quieras compartir?

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